Actualidad rabiosa.

 

 
(Por Ludovic Carlsson Svenson, "Cegatito de San Bernardo").
 

Pamplona (España), 2 de marzo de 2008. Actividad incesante y febril en el entorno de Revillita. En un ambiente de gala, Melgibson "El Elegido" presenta su primer libro de poesías, titulado “Ricardita, tú que derrumbas mi alma y todo lo que sea de derrumbar”. Expectación máxima, con asistencia de importantes escritores, periodistas, etc. Dado que la noticia es muy interesante para los aficionados, acudo al evento con la intención de entrevistar a este simpático muchacho de Arnedo, que se ha convertido en una pieza fundamental de la cuadrilla de Revillita. 

- Melgibson, menuda maravilla de libro acabas de lanzar.

- Gracias, escribí todos estos poemas inspirado por Ricardita, una novia que tuve hace tiempo y me dejó una huella indeleble, la hijaputa.

- Has concitado un gran interés de los medios.

- Espero estar a la altura de tanta expectación, y si no es así, a ver si puedo evitar que me linchen.

- Hablemos un poco de ti, artista. La afición a la poesía se inició en tu más tierna infancia.

- Sí, casi desde la cuna, antes de aprender a leer y escribir ya me sabía de memoria la lista de poetas de la Generación del 27.

- A ver si los recuerdas aún.

- Por supuesto: Míchel, Butragueño, Sanchís, Pardeza y Martín Vázquez.

- Sensacionales poetas y con un toque de balón extraordinario.

- Gente así es la que engrandece nuestra cultura, Cegatito.

- Intuyo que te criaste en un ambiente muy propicio para las letras.

- Desde luego, en este aspecto me considero un afortunado. Mi padre se suscribió al Marca mucho antes de que yo naciese, y claro, la literatura de calidad ha estado presente en mi vida desde muy niño.

- Dicen que destacabas siendo muy pequeño por tu inteligencia.

- Sí, apenas tenía diecisiete años y ya sabía pelar los plátanos sin leer las instrucciones. Y si alguna vez me olvidaba de la técnica, sabía aguantar con hambre lo que hiciera falta.

- Siendo un tipo inteligente y culto, me extraña que seas informático.

- Me lo dice mucha gente, aunque lo cierto es que terminé estudiando Informática por una casualidad. Yo quería ser gondolero, pero mis padres me convencieron de que esa actividad tiene pocas salidas profesionales en Arnedo, así que me apunté donde estaban mis amigos, en Informática, que también me interesaba para piratear videojuegos.

- Lo importante es que has completado tus estudios y a la vez, has sido capaz de ir cuajándote como poeta.

- No me ha resultado fácil compatibilizar ambas cosas, pero con un poco de organización y copiando en los exámenes, lo he conseguido.

- Brillantemente, añado. Me resulta imposible olvidar tu primer poema, el que te lanzó al estrellato hace unos meses.

- Creo que fue una de las cosas más bonitas que he escrito. Empezaba así:

"Fabada Litoral, que vienes con tropiezos,

fabada bravía, letal en espacios

escasamente ventilados..."

- Maravilloso, aquel poema hizo despertar en mucha gente el interés por la poesía.

- Reconozco que lo compuse con todo mi corazón, porque le tengo mucho apego a Asturias.

- Por Fernando Alonso, supongo.

- Claro, y por la marisma del Guadalquivir, que es preciosa.

- Sin duda lo es. Melgibson, has escrito un libro maravilloso, pero a mí se me han saltado las lágrimas con el poema en el que hablas de tus sentimientos respecto a la nada.

- Cegatito, puede que seas prácticamente analfabeto, pero tienes una extraordinaria intuición para las cosas que llegan directamente al alma. En efecto, te refieres al poema que titulé “La nada, que es cuando hay menos que un poco”, y lo escribí casi de un tirón, en una noche en que la inspiración me atrapó con todas sus manoplas.

- Inspiaración divina, eso hubo, me atrevo a asegurar. Querido Melgibson, te ruego por tu madre que lo recites para que todo mi ser alcance el estado de máximo placer místico, y luego si quieres, me pegas un tiro y que me arrastren las mulillas, o lo que tú quieras.

- Me gusta lo de las mulillas, pero no tengo pistola. Aunque si quieres, puedo darte una paliza como Dios manda.

- Déjalo, si es cosa con violencia, no me va. Entonces me conformaré con que me recites esa maravilla de poema.

- A la orden, allá voy:

 

"La nada, que es cuando hay menos que un poco."

 

Mis noches sin ti son

como las noches

cuando no estoy contigo,

no sé si me explico,

pero me se hacen largas de cojones. 

 

Te recuerdo en el lecho, lánguida,

desposeída de tu ropa,

en completa desnudez,

que estabas en pelotas, vamos,

yo te miraba, y al tiempo,

me surgía vertical ese pedazo de herramienta española y bravía,

y venga de empujar,

por no perder el tiempo y asegurar bien el concepto,

porque las cosas

o se hacen bien o no se hacen.

 

A ver si quedo un día de estos

con el cabrón del albañil

que entodavía no me ha terminao

los azulejos del váter.

Su puta madre.

 

Noche de mayo, noche estrellada,

me relajaba contemplarte durante horas:

por mirarte eternamente hubiera dado

todo lo que no es mío;

por escuchar tus suspiros hubiera soportado

al calvo de Telecinco

que entrevista a Fernando Alonso,

(Hamilton, te jodes como Herodes);

hubiera contado uno a uno

todos los olivos que hay en Jaén,

provincia olivarera por antonomasia;

hubiera ascendido yo solo al Everest

sin oxígeno, o lo que allí sea costumbre de respirar

esos chinos de los cojones;

hubiera entregado hasta la última gota de mi sangre

aunque ello supusiera -intuyo- quedarme desangrado,

si me permiten la escasez

de hemoglobina;

lo hubiera dado todo por ti, Ricardita,

que nunca me diste nada, ni siquiera

el chalet que tienen tus padres en Sanlúcar

y sólo van una semana al año, los cabrones. 

 

¿Qué es poesía?, me preguntas

mientras clavas en mi pupila

tu pupila azul.

Poesía, Ricardita,

es algo de un libro de Bécquer,

que tiene puesto mi madre

para calzar el mueble bar. 

 

Me echabas mano a los ovoides,

me echabas mano,

y yo, ansioso de plenitud,

ebrio de añoranza intrínseca y a la vez conmutativa o como se diga,

me dejaba,

ya lo creo que me dejaba,

porque tengo buen conformar,

no soy de discutir y menos,

si no tengo un control pleno de mis ovoides.

 

Tú lo que tienes mayormente es que me pones de los nervios,

amada mía,

venga de criticar a todo el mundo,

sobre todo a mi madre,

que siempre se portaba fenomenal contigo

y nunca te dijo lo que piensa de ti

porque es muy buena.

Y tú, venga de criticar a mis hermanos,

a mi prima Vanessa,

que aunque tiene pinta de puta es muy buena gente

y nunca le ha quitado un cliente a nadie.

A todos criticabas sin razón, a todos,

desoladora y cruenta, sin embargo hermosa mujer,

a todos menos al butanero,

al que solías llamar con frecuencia para que viniera a casa

aunque tenemos todo eléctrico.

Es que hay cosas que yo no me explico,

reina de mis pensamientos,

desde un punto de vista

meramente energético y/o termodinámico.  

 

Eras fulgor en mis brazos,

te contemplaba azorada, tímida,

como con timidez,

agotada tras amarnos apasionadamente en la desoladora penumbra.

Henchida mi alma,

fui a preparar un par de bocatas muy bravíos

y algo para ti,

pero no quedaba pan Bimbo,

no quedaba nada,

otra vez,

la nada.

Seguro que ha sido el cabrón del albañil

que estuvo ayer poniendo

las baldosas del balcón.

Siempre la nada.

 

Me gustas cuando callas porque estás como callada,

que es casi nunca, joder,

que no respetas ni el fútbol, Dios mío, ni el fútbol,

ese arte que emociona a millones de seres inteligentes, y sin embargo,

tú venga dar la tabarra con el cáncer de pulmón de tu padre,

como si me importase,

con lo quejica que es el animal,

que se ha empeñao en respirar con fatigas para llamar la atención,

estoy seguro.

Yo te he querido Ricardita, yo te querido mucho,

pero en ocasiones

te ha faltado sensibilitud. 

 

Ser contigo cuando estaba en ti,

y no ser nada si tú no estás,

estar sin ti es no estar,

o como no ser sin llegar a estar del todo,

no sé si me se entiende,

porque hay mucho cabestro que no comprende la poesía,

ni comprende ná,

que es como la nada,

y ahí es donde yo quería llegar.

Soy un lince. 

 

Entonces nos amábamos.

Nos entendíamos con sólo un gesto,

éramos uña y carne de cerdo,

(yo era la uña, aclaro),

palpitaban nuestros corazones

al unísono, es decir, sin politonos,

y venga de palpitar.

Pero todo acabó un fatídico lunes,

oh, embriagadora tristeza, fistro de lunes,

o quizá era un viernes,

o un día que jugaban Copa del Rey,

no me acuerdo,

el alba separó nuestros latidos,

como separa el viento la hoja de su rama,

como separa el Mediterráneo Palencia de Valladolid,

y entoncesmente,

nuestros corazones quedaron separados,

todo quedó en nada,

la nada otra vez,

qué mala suerte la mía,

es que pongo un circo y me crecen los termostatos.

 

Cada vez que voy a Torrelodones

se me quitan las ganas

de hacer rimas.

 

Yo siempre he sido muy rumboso para invitar a los amigos,

sobre todo con el dinero de los demás,

o la Visa Oro de mi padre, que es un fenómeno,

porque me gusta quedar bien,

y no cuesta nada,

una vez más -canastos- la nada,

que me persigue implacable y tenaz,

entiendo por tanto, con tenacidad. 

 

La noche.

Que llega presurosa.

Que me atrapa en su seno,

es decir, senoidalmente.

La noche cerrada, negra.

La noche oscura.

Aquí no se ve ni hostias.

Esto va a ser cosa del cabrón del albañil,

cada vez que viene a hacer algo,

dispara todos los diferenciales. 

 

En aquella época, juvenil, apasionada,

me echaba unas siestas

que no se las salta un gitano,

siempre contigo, siempre, Ricardita,

o si no, con otra, era igual,

el caso era no dar un palo al agua,

porque nunca fui de acaparar,

nunca ambicioné nada,

de nuevo la nada,

siempre al acecho en mi existencia.

La nada, qué jodía. 

Me voy a acostar un rato, porque

con esta casta que tengo, lo mismo me dan ganas

de peinarme,

y a estas horas no me apetece hacer esfuerzos.

 

Mariposilla de amor, mariposilla,

te acercas grácil a mí,

¿qué me has traído?

¿Tal vez el recuerdo de mi amante lejana?

- No, no te he traído eso.

¿Quizá una añoranza de amores perdidos?

- No, tampoco te he traído eso.

¿Pudiera ser la llave de perro que me dejé en casa de mi primo El Orejas?

- No, te jodes.

¿O el cuchillo grande que usamos para la matanza en Socuéllamos?

- No das una, cabestro.

Por favor, no juegues con mi incertidumbre, eterna y dolorosa a la par,

¿qué me has traído?

- No te he traído nada.

Dios mío, siempre ahí, siempre la nada,

es que no me dais más que disgustos, cabrones.

 

Con esa cara de bestia que tienes, Ricardita,

ten por seguro que no te llaman

los de Porcelanosa.

 

Me rompiste el corazón en mil pedazos,

hablo en sentido figurativo, ojo,

te llevaste mi alma, mi pasión,

mis ilusiones;

te llevaste la cinta amarilla y verde

que me suelo atar en la cola

cuando tengo que recordar algo.

Te lo llevaste todo con frialdad demoledora.

Es que ni tienes educación, ni tienes Alcobendas,

ni tienes ná. 

 

Porque ya no te tengo estoy marchito,

estoy vacío,

perdido mi palpitar en añoranzas inútiles,

no siento las piernas,

no siento nada.

Siempre la nada.

Porque el mundo es un lugar lleno de albañiles,

y son todos unos cabrones.

 

- Sensacional, Melgibson, después de componer esto, puedes estar seguro de que eres un poeta de los que hacen época.

- Puede ser, pero estoy preocupado. Últimamente me surgen ideas muy macabras, es decir, con muchas cabras.

- ¿De Solán?

- No les he visto el hierro, pero creo que no, parecen de ganaderías de poco prestigio.

- ¿Como las que levanta a pulso Subterráneo Pargen?

- Parecido.

- No te preocupes, todos los grandes creadores tenéis recovecos en la mente de los que nacen tanto las ideas geniales como algunas siniestras, de vez en cuando. Debes asumirlo así, amigo Melgibson.

- Lo asumo, pero es duro. Por ejemplo, el otro día tuve un sueño en el que iba a escribir el mejor poema de mi vida y se me quedaba el bolígrafo sin tinta. Entonces, le daba treinta puñaladas al cartero y escribía con su sangre, pero a los pocos minutos se borraba y perdía el poema.

- Me parece gravísimo.

- Sí, porque hace dos meses coloqué el parquet nuevo y lo ponía perdido con la sangre de ese cabestro.

- Eso es porque los carteros son unos informales y no saben ni sangrar adecuadamente.

- Pues no veas lo mal que lo pasé por su culpa. Pedazo de mamón. Digo yo que si vas a casa de alguien, lo primero es comportarse como es debido y no manchar.

- Procura olvidar esos pensamientos, recuerda que eres un muchacho muy querido en toda España. Por ejemplo, los maños te adoran, es algo que sabe todo el mundo.

- Sí, me tienen gran afecto desde que escribí con todo mi cariño aquel poema que decía:

"Esa Confederación Hidrográfica del Ebro,

que gestiona la coyuntura hidrográfica

del Ebro, mayormente,

con peces y anfibios,

y los hombres-rana con esos neoprenos del Decathlon..." 

- No se puede escribir con más arte y más sentimiento, Melgibson.

- Quise hacer algo bonito, y creo que lo conseguí. Desde entonces, Aragón es mi segunda casa.

- No me extraña, porque los mañicos son muy cariñosos. Yo he ido muchos años a la Feria del Pilar y casi siempre me tiran al río para que me refresque, aunque venga prácticamente seco.

- Buena gente, sí señor.

- Admirado Melgibson, tú sabes que la creación poética es un vaciarse desgarrador, una entrega desmedida a la Literatura, una forma espartana de vida que implica renunciar a muchas cosas superficiales aunque placenteras.

- Pues lo dejo y que le den por culo.

- A ver si es verdad. Hablemos algo de ti, ¿cuáles son tus aficiones?

- Tengo muchas, por ejemplo el baile. Me apasiona la sardana.

- No me extraña en un informático, para qué voy a negarlo.

- Gracias, es un baile que viene muy bien para rehabilitación de los abuelos que tienen reúma.

- Pefecto, y creo que en esos ambientes nadie abusa del éxtasis.

- Te las sabes todas, Cegatito.

- ¿Qué otras cosas te gustan?

- La música, me gusta mucho una cantante que vi en la tele hace poco, cantaba muy bien y tenía mucho ritmo.

- Por lo que dices, podría ser Beyoncé o Mari Trini.

- No recuerdo el nombre. Era morenita.

- Si lo grabaron en agosto, podría ser cualquiera de las dos. ¿Era guapa?

- No me fijé en las tetas, no sabría decirte.

- Vaya por Dios, ¿en qué idioma cantaba?

- No le entendí nada, así que podría ser en inglés o quizá en castellano. Recuerdo que tenía unos movimientos muy espectaculares, con una agilidad felina, si me permites el gatopardo.

- Por lo que me dices, amigo Melgibson, me inclino a pensar que era Beyoncé, pero no me atrevo a asegurarlo tajantemente, porque he perdido confianza en mi agudeza visual.

- Es igual, ahora que lo pienso, podría ser Camilo Sesto.

- Podría ser. Cambio de tema. Desempeñas el cargo de Jefe de los Servicios Médicos en la cuadrilla de Revillita. ¿Qué tal te va?

- Fenomenal, de momento sólo me dejan poner inyecciones a una Bultaco 125 que tienen sin usar, pero con el tiempo iré a más. El otro día la hice relinchar, me veo fuerte.

- El maestro tiene fama de despistado.

- Es cierto, pero debo decir que Revillita vive tan entregado al toreo, tan pendiente de sus entrenamientos, que en su mente sólo hay una idea, la de mejorar y elevar su arte cada día un poco más, si cabe.

- Entiendo, pero he oído que ayer estuvo a punto de sufrir un accidente en la gasolinera, cuando le sonó el móvil y se puso el surtidor en la oreja.

- Ocurrió así, pero gracias a Dios no hubo que lamentar desgracias personales.

- ¿Y a Revillita, le pasó algo?

- No, tampoco.

- Me han contado que el maestro ni se inmutó.

- Así fue, mantuvo la calma como es habitual en él, no movió un músculo, el imbécil.

- Siempre he observado en Revillita un estoicismo paradigmático, si me permites el paramecio.

- Coincido contigo, Cegatito.

- Te diré una cosa, Melgibson, porque eres un muchacho muy despierto y se puede hablar contigo. Muchas veces, cuando el camarero me echa del bar antes de las nueve porque me tiene manía, voy a mi casa, y recostado en mi sillón favorito, doy vueltas a mi pasión, que es el toreo. Entonces repaso mentalmente las faenas grandes que he visto, la situación actual de la Fiesta Nacional, el momento de las ganaderías que más me gustan, etc. y cuando pienso en Revillita, me pregunto qué sigue buscando en el toreo. El maestro lo ha conseguido todo, tiene la linterna oficial de Torrebruno, un montón de camisetas de Benidorm´97, etc., pero sigue arrimándose como si fuera un novillero que está empezando.

- Exacto, Cegatito, Revillita busca el más difícil entodavía. Por eso está donde está.

- Está muy bien rodeado, con gente como tú, preparada y noble, Melgibson.

- Gracias, pero no te olvides de Apoderao, es un gestor extraordinario, y mi ídolo sin ninguna duda.

- Ya que lo nombras, te diré que me ha dolido su decisión de vetar a D. Eduardo Canorea, empresario de la Real Maestranza de Sevilla, un hombre muy educado y que habitualmente confecciona carteles de categoría.

- Eso es cierto, pero Apoderao ha dejado claro que no es un pelagatos al que se pueda ningunear. Los empresarios taurinos están mal acostumbrados a imponer sus condiciones. Te dicen eso de "hay lentejas, si quieres las comes y si no, eludes su ingestión por vía oral".

- Yo me sabía ese dicho igualito pero con macarrones.

- Viene a ser lo mismo, si obviamos el déficit de hierro.

- Correcto.

- El caso es que Apoderao se ha puesto en su sitio, ya verás como el año que viene nos respetan más.

- Estoy seguro, Melgibson. Por cierto, me han llegado rumores de que han surgido divergencias en la cuadrilla en torno a Argimiro Oteo “Gran Otilio”, el célebre piloto de Fórmula 1 y afamado latin lover.

- Algo ha habido, pero nada de importancia.

- No quiero meterme donde no me llaman, pero dicen que estáis preocupados porque tiene problemas con su actual amante, Peligrosa Manoli.

- Ya me gustaría a mí tener esos problemas con la Peligrosa.

- Entiendo por tanto que no se trata de algo preocupante.

- Exacto, piensa que Gran Otilio es el latin lover por antonomasia, y tiene recursos para resolver cualquier situación. Te diré más, el tío es tan listo que da la impresión de que encuentra la solución incluso antes de que surja el problema.

- La solución antes que el problema... la eterna pregunta, amigo Melgibson, ¿qué fue primero, el huevo o el gallináceo?

- No te puedo responder, por más vueltas que le he dado al asunto. Estoy intentando descubrirlo, pues se trata de un tema crucial, pero no lo tengo claro porque hay gallináceos que son más rápidos que su propio huevo, si me permites el sprint.

- Así es. Hablando de sprint, tenemos que terminar la entrevista, porque quiero enviar los textos cuanto antes para que los aficionados disfruten con tus opiniones. Ha sido un placer hablar contigo, Melgibson.

- Igualmente, Cegato. Un saludo para ti y para los aficionados.

(Fin).

 

 

 "Aunque me tachen de snob, debo reconocer que mis gustos se han decantado habitualmente hacia lo exquisito: me encantan los bocatas de panceta y El Diario de Patricia. Por tanto, leer los poemas de Melgibson ha sido una experiencia sin duda gratificante. Su poesía, a veces serena, a veces pasional y arrebatada, me subyuga y rescata de mi alma los sentimientos más nobles. Jodío Melgibson, qué chispa tiene ese cabrón."

 

Las fotos de Melgibson "El Elegido" en su salsa.

Melgibson en el Club Taurino de Pamplona, gracias a la amabilidad de D. Gerardo Egües y D. Jesús María Zugarrondo, que no saben de lo que es capaz este animal.